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martes

Diablo, familia y propiedad

Gran documental sobre la figura de "El familiar" dentro de los ingensio azucareros. Una mirada sensible a las distintas interpretaciones sobre la explotación a nativos de de Salta y Jujuy. Disponible es aquí

miércoles

Confinamiento mundial en tiempos de COVID19

Algún día recordaremos con cierto extrañamiento que un virus planetario nos tuvo encerrados en nuestras casas por más de un mes (releo esto y vamos 5), sin salir, adoptando a la fuerza algo denominado interancionalmente "distanciamiento social". Lo exepcional atrae, sobre todo cuando tenemos las comodidades para sentir la fascinación sin tener a la muerte respirandonos en la cara y robándose nuestro aire. Fueron días atípicos, animados también por algo de morbo sociológico, vértigo, ansias de fin del mundo, curiosidad y adrenalina. También de dolorosa realidad que enferma más que un COVID.

Leí muchas notas, millares. Dejo algunas que prefiero atesosrar.


1. Notón de Paul B. Preciado que podemos resumir con la ecuación de la pandemia: "Dime cómo tu comunidad construye su soberanía política y te diré qué formas tomarán tus epidemias y cómo las afrontarás". Disponible aquí

2. Virus semiótico y discursos disidentes. Disponible aquí

3. Pandemia y ciencias sociales. Disponible aquí

4. No hay pandemia sin estado. Disponile aquí

5. Pandemia y mandato de hiperproductividad. Disponible aquí

6. Pandemia y distinción social. Disponible aquí

7. Necesidad de ritos en tiempos de pandemia. Murilo Cleto. Diponible aquí

8. Futuridades y pandemia COVID aquí (Contiene grandes frases como esta "Una transformación requiere en simultáneo operaciones de posibilitamiento y operaciones de imposiblitamiento. Si cae sobre uno solo de los ejes, se vuelve poco eficaz. No se trata solamente de resistir y crear, sino de desistir, resistir y crear")

9. Mi reino por media terraza. (para pensar la politicidad de lo doméstico y su dimensión espacial). Disponible aquí

10. Duelos, rituales y COVID. Paniza. Disponible aquí

11. La fe en tiempos de COVID. Diego Mauro. Disponible aquí

12. La pandemia desde el posthumanismo. Disponible aquí

13. Creencia y negacionismo científico en tiempos de COVID 19. Nicolás Viotti. Disponible aquí
Diversidad de modos de evidencia, racionalidad y vida, su complementariedad y articulación, lo que constituye una veta emancipadora del proyecto moderno vs teorías conspíratorias y negacionistas de derecha

14. Sobre los zooms riders y los intrusos en los eventos  online. Males de época, sobre los que podemos pensar aquí de la pluma de Mariana Enríquez 

domingo

Futuridades II

Es año electoral, casi mes electoral y el futuro es un imaginario que se impone en las conversaciones, fantasías, anhelos y pesadillas. Desde este blog recopilamos y recomendamos algunas lecturas como este notón de Tamara Tenembaum

martes

La «enfermedad del pensamiento» de la civilización moderna

Como señala Mark Fisher en su libro Realismo capitalista, la privatización del estrés ha llevado a una «destrucción casi total del concepto de lo público».

En su libro «Una nación bajo estrés»: El problema del Estrés como Concepto, Dana Becker ha acuñado el término estresismo para describir «la creencia actual de que las tensiones de la vida contemporánea son principalmente problemas del estilo de vida individual que deben resolverse mediante el control del estrés, en oposición a la creencia de que estas tensiones están vinculadas a las fuerzas sociales y necesitan resolverse principalmente mediante medios sociales y políticos».

El fetiche del presente auspiciado por el mindfulness es una práctica que cultiva la amnesia social, fomentando el olvido colectivo de la memoria histórica y, al mismo tiempo, excluyendo eficazmente la imaginación utópica.

Leido por ahí (fragmentos de)

domingo

Why I Never Became a Dancer

Tracey Emin, antes de devenir en figura de la vanguardia artística inglesa, fue joven en una ciudad costera de Londres, Magrate. En 1995 filmó Why I never became a dancer, seis crudos y contundentes minutos testimoniando sobre lo que significó crecer allí, con la osadía de hacer de su sexualidad lo que le dio la gana, siendo niña, que es el punto, claro. El atrevimiento de decidir acostarse con quien quisiera durante toda su adolescencia tuvo costos. Cuando decidió presentarse a un concurso de baile, en el que divisa una chance para saltar el cerco de la fantasía y poder salir de esa ciudad, en el momento exacto en el que vio futuro, un grupo de tipos que la conocen, con muchos se acostó, no la alientan y le gritan fuerte “puta, puta, puta”, hasta vencerla y dejarla fuera.

Las estrategias de los débiles son, por supuesto, débiles. Pero sin caer en optimismos de verano, los débiles que pueden tomar el desafío creativo de inventar mundos, en vez de intentar caber en este que lo expulsa, nunca más serán débiles. Vean ese video por favor aquí, porque si no puedo bailar, tu revolución no me interesa 
se va a caer babys! 

jueves

El retroceso «nacional-estalinista»

Hay temas tabúes y temas para héroes, aquí dejo una nota valiente para pensar la Venezuela de hoy
Aviso que duele, crecer duele, de eso se trata la nota.

sábado

SECULAR LAS PELOTAS! (reflexiones sobre la AFIP y el derecho al ABORTO)



De chica iba a una escuela judía, ahí aprendimos nuestra primera lección panóptica: "Dios está en todos lados". (También aprendimos otras cosas de gran valor, como los adverbios en hebreo y la culpa por casi todo).
Después vinieron años de lecturas inspiradoras, el ingreso a la adolescencia y a la universidad y sobre todo, deconstrucciones múltiples, para darme cuenta de que al final, la "morá" (palabra hebrea para "maestra") tenía razón.
Si bien disfruto del juego de adivinar, una cuadra antes de que el bondi pase frente a una iglesia, quiénes de mis compañeros de viaje se van a persignar (y soy realmente buena!) y siempre adoré tener feriados por semana santa y que mi cumple sea largo porque lo sigue el día de la virgen, odié el mal rato de tener que explicar a mis jefes que el año nuevo judío es en septiembre, y que cada año es en otra fecha porque el calendario judío es lunar y no hay tal cosa como agosto o noviembre sino que se cuentan los días desde la ultima cosecha y cosas así que dice la torá y mi familia se junta ese día y yo quiero faltar a trabajar. Pero lo que verdaderamente me enoja, es mi prepotente ingenuidad al dudar de la lección de la morá, de creer que una manga de representantes del estado laico, presidentxs, senadores y diputados bauitzados (ya se, rima!) tienen el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y que en nombre de la moral, el aborto es ilegal/criminal (rima intencionada).
Pensando en el ABORTO y en la farsa de los estados laicos, busco hacer algo conducente de mi domingo e intento sacar mi factura electrónica (porque aparte de bancar que otros decidan sobre mi goce y salud, soy monotributista) y me meto con hidalguía a la página de la AFIP, que me dice que si quiero acceder a los servicios web, que RECE!
¡ABORTO LEGAL, SEGURO, GRATUITO Y SIN CULPA MORALINA!


pd. alguien logró (por MILAGRO) sacar facturas electrónicas en la pág de la AFIP?


miércoles

Eufemizar el odio



Podría ser tu vieja o tu hermana, no me sirve, los extranjeros representan menos del 4% de la atención en hospitales públicos, no me sirve. No tengas miedo, se siente como una picadura de mosquito, que digas falleció, no me sirve que intentes domar tu desprecio hacia las mujeres, los migrantes, mi dolor.

domingo

La palabras y los prácticas I


Necesitamos más análisis. Por ejemplo, de vocabulario. No puede existir una sola palabra para referirse a la violación en español, inglés o francés. Y que sea la misma en el caso de las violaciones en conflictos armados, las agresiones domésticas dentro de la pareja o la violación bajo amenaza de muerte.

Ya que hemos comprendido lo comunes que son, deberíamos crear por lo menos 30 palabras distintas para diferenciar cada tipo de violación.

miércoles

Que es la modernidad

"Por la misma época en que Inglaterra dejó de quemar brujas, comenzó a colgar a los falsificadores de billetes de banco". By Carlitos Marx

Tristes tópicos, pistas para vencer el desamor político

Se inaugura a pedido del (des)ánimo, una nueva sección, PARE DE SOFRER, HIRMAO PROGRESISTA! Elementos de auto-ayuda política para poder llegar a las próximas elecciones sin morir o matar a todos en el intento. Esperemos que les sirva mis queridos internautas!


¿Por que los pobres votan a la derecha? ¿Por qué mi mamá vota a la derecha? eh? eh? a ver? decime! 
No tenemos la respuesta, pero al menos nos animamos a la pregunta, porque como dice un posteo que robé de facebook "Voto aspiracional": que manera más sofisticada de tratar de boludo al prójimo . Y si queridos internautas, criticar al que no piensa como yo, es sin duda no estar entendiendo algo, al 51% del país por ejemplo. 

  • Venezuela, cada persona es una crisis

al basar la ciudadanía en el consumo (o en el acceso menos desigualitario a éste), topamos con la dificultad de construir comunidad. No hay nada más individual que el consumo. No hay nada mas duro que pensar a la querida Venezuela, lea: http://www.revistaanfibia.com/ensayo/venezuela-cada-persona-es-una-crisis/


  • Argentina, el macrismo no es un golpe de suerte

al desplazar el ciudadano al vecino, nuevamente se individualiza el sujeto colectivo. A su vez, la idea de igualdad basada en el progreso por meritocracia, con su vertiente "recuperar la cultura del trabajo" que pulveriza a sindicalistas, planeros, vagos, punteros, populismos, la corrupción k, el flagelo de la droga, lea: https://www.pagina12.com.ar/amp/56997-el-macrismo-no-es-un-golpe-de-suerte

Loca, sos lo más

Entendiendo la interseccionalidad o como el mundo discrimina al cubo acá

Las pibas duelen


El narcopatriarcado y las pibas

domingo

Perón Perón, que grande sos



Para Percha todo lo que era de cemento y medía más de un metro o pesaba un poco más de un kilo lo había hecho Perón, y siempre estaba rompiendo los huevos con lo mismo.
- Y vos como sabés que la ensanchó Perón, ¿acaso lo viste? - le dijo Alejandro (...)
- A que ustedes no saben que acá abajo esta todo preparado para que pongan el subte? -dijo, y ya era para romperle la cabeza de un cascotazo.
- Decime —le dije—, si preparó el túnel para el subte, con estaciones y todo, por qué mierda no lo puso. —Porque en este país todo es una mafia —contestó Percha—, y te lo dice mi viejo: los verduleros son una mafia, los camioneros son una mafia y los colectiveros son la peor de las mafias. 
- Y los pelotudos como vos, ¿qué son?”

Fragmento de "El origen de la tristeza" de Pablo Ramos 

Riachuelo e idiosincrasia


Detrás de esas fachadas, que eran mascarones, vivían los pobres de la ciudad. Y en las dos orillas del Riachuelo miles de personas habían construido sus casas en los terrenos vacíos (...) Desde el puente se podía ver la extensión del caserío: rodeaba el río negro y quieto, lo bordeaba y se perdía de vista donde el agua formaba un codo y se iba en la distancia, junto a las chimeneas de fabricas abandonadas. Hacía años, también, que se hablaba de limpiar el Riachuelo, ese brazo del Río de la Plata que se metía en la ciudad y luego se alejaba hacia el sur, elegido durante un siglo para arrojar desechos de todo tipo, pero, sobre todo, de vacas. Cada vez que se acercaba al Riachuelo, la fiscal recordaba la historia que contaba su padre, trabajador durante un tiempo muy corto de los frigoríficos orilleros: cómo tiraban al agua los restos de carne y huesos y la mugre que traía el animal desde el campo, la mierda, el pasto pegoteado. "El agua se ponía roja", decía. "A la gente le daba miedo".

También le explicaba que ese olor a Riachuelo, profundo y podrido, que con cierto viento y la humedad constante de la ciudad podría flotar en el aire durante días, lo causaba la falta de oxígeno del agua. La anoxia, La materia orgánica se come el oxigeno de los líquidos. El río negro que bordeaba la ciudad básicamente estaba muerto, en descomposición: no podía respirar. Era el río más contaminado del mundo, aseguraban los expertos. Quizá hubiese alguno en China con el mismo grado de toxicidad: el único lugar del mundo comparable. Pero China era el país más industrializado del mundo: Argentina había contaminado ese río que rodeaba la capital, que hubiese podido ser un paseo hermoso, casi sin necesidad, casi por gusto.

Que a sus orillas se hubiese construido ese caserío, la Villa Moreno, deprimía a Marina. Solo gente muy desesperada se iba a vivir ahí, al lado de esa fetidez peligrosa y deliberada.

(...)

Durante años pensé que este río podrido era parte de nuestra idiosincrasia , ¿entendés? Nunca pensar en el futuro, bah, tiremos toda la mugre acá, ¡se la va a llevar el río! Nunca pensar en las consecuencias, mejor dicho. Un país de irresponsables. Pero ahora pienso diferente Marina. Fueron muy responsables todos los que contaminaron este río. Estaban tapando algo, ¡no querían dejarlo salir y lo cubrieron de capas de aceite y barro! ¡Hasta llenaron el río de barcos! ¡Los dejaron estancados ahí!
- De qué estas hablando.
-No te hagas la estúpida. Nunca fuiste estúpida. Los policías empezaron a tirar gente al agua porque ellos sí son estúpidos. Y la mayoría de los que tiraron se murieron, pero varios lo encontraron. ¿Sabés lo que viene acá? La mierda de las casas, toda la mugre de los desagües, ¡todo! Capas y capas de mugre para mantenerlos muerto o dormido. Y funcionaba hasta que empezaron a hacer lo impensable; nadar bajo el agua negra.

Mariana Enriquez - "Las cosas que perdimos en el fuego"

martes

Sobre drogas y drogones



El eslabón más débil
 Por Federico Pavlovsky * en página 12



Casi cien años después del comienzo de la “guerra contra las drogas”, y por estos días de invierno en Buenos Aires, un joven en una plaza porteña es detenido por la fuerza policial, desnudado, interrogado, evaluado por un psicólogo de la Fuerza, y luego de unas cuantas horas es liberado. El delito: fumar marihuana en la vía pública (y, claro, tener marihuana en su poder). ¿Un caso aislado? No. La ilusión que el castigo y la amenaza erradicarán el uso de sustancias parece ser una creencia fuertemente arraigada en nuestra sociedad. En estos días, y simultáneamente, ocurren una serie de hechos notables; el Gobierno lanza un plan de “narcotráfico cero” con la ilusión de que la táctica cuasi bélica erradicará el problema, se cumplen treinta años del fallo Bazterrica (que declaró inconstitucional perseguir a consumidores) y en una plaza de Rosario se realiza un megaoperativo para detener a “delincuentes peligros” cuyo “delito” es consumir sustancias. Es curioso, porque los experimentos conductuales demuestran bastante bien que el castigo es un pésimo elemento para cambiar una conducta.


El periodista inglés Johann Hari, en su reciente libro Tras el grito (Paidós, 2015), ha realizado una profunda investigación sobre el mundo del comercio de las drogas y, en particular, sobre cómo los estados combaten esta problemática. Hari explora la guerra contra las drogas que se viene desarrollando desde hace 100 años y señala que la cuna de esta empresa está situada en la década de 1920 en los Estados Unidos. Esta guerra tuvo un mentor, un hombre tan temible como efectivo, que estaba a cargo de la Oficina Federal de Estupefacientes, llamado Harry Aslinger, quien se había lucido en la “guerra implacable frente al alcohol” en el marco de la Ley Seca (1920/1933). La estrategia de combate cuerpo a cuerpo que Aslinger entabló junto con sus hombres contra el alcohol, pronto se extendió a otras drogas como la cocaína, marihuana y heroína. Hari señala que al menos dos hitos impulsaron esta “guerra” contra las sustancias y los consumidores: un sentimiento fuertemente racista contra las comunidades afroamericanas y mexicana, que consumían estas sustancias con mayor intensidad, y un sentimiento de desprecio hacia los adictos. Una de las víctimas emblemáticas que tuvo Aslinger fue Billie Holiday, la genial cantante. Ella cometía cuatro “faltas” al mismo tiempo: ser negra, cantar contra el racismo, abrazar el jazz (una música que se consideraba apológica del consumo) y estar atrapada en la maraña del alcohol y la heroína. El padre de la guerra contra las drogas también fue violento y sádico con quienes intentaron ayudar a los adictos. Persiguió penalmente a médicos (fueron arrestados alrededor de 20.000) y se clausuraron centros de tratamiento y desintoxicación. Hari señala esta circunstancia como el “mayor ataque legal” cometido contra profesionales de la medicina en los Estados Unidos. Un dato interesante de la investigación de Hari es que uno de los “actores sociales” que más apoyaba las ideas del mismo Aslinger era la propia mafia como estructura: nunca fue un mejor negocio lucrar con aquello que estaba prohibido. Desde el comienzo de la prohibición (con la sanción de la Harrison Act en 1914) ocurrió una serie de consecuencias que nos alcanzan hasta la actualidad: se creó el tipo de adicto que (en el marco de su enfermedad) se ve obligado a cometer actos marginales y hasta delictivos para satisfacer su necesidad imperiosa de conseguir sustancias que son ilegales; proliferación geométrica de los sistemas de mafias (que producen, transportan y venden las sustancias ilegales), y el costo de las sustancias creció cerca de un 1000 por ciento.


Hari señala en su libro que hay que tener presente que por un lado tenemos la guerra contra las drogas, en la que el Estado lucha contra los consumidores y, por otro, la guerra por las drogas, en la que los delincuentes luchan entre sí por hacerse con el control del tráfico. La relación para Hari entre la política prohibicionista y los grandes jefes de la mafia del narcotráfico es lineal y recíproca: ambos se necesitan y forman parte de un gran negocio. Pese a los aviones sofisticados que sobrevuelan las fronteras, los radares, misiles tierra-aire, perros cocker que revisan los bolsos, enormes scanners, fumigaciones de grandes extensiones con venenos para acabar con los cultivos, la prisionización de cientos de miles de consumidores en todo el mundo (y algunos pocos narcos, en contraste), el consumo de sustancias ilegales sigue estable, la violencia social relacionada con las drogas más presente que nunca, y los costos económicos de esta guerra, infinita e imposible, en ascenso. ¿Qué pasaría si, contrariamente a lo que siempre hemos creído, la mayoría de las víctimas no son debido al efecto tóxico (real) de las sustancias de abuso, sino a una picadora de carne de dos piezas bien aceitadas: la violencia del Estado y la de los traficantes (entre sí y contra todos)? Hari señala que a diferencia de otros delitos, el tráfico de drogas tiene un formato singular, donde no se interrumpe con la detención compulsiva de adictos y dealers. El incremento de las operaciones policiales que “atrapan a un líder narco” o “a una banda de drogas” o “secuestran un fuerte cargamento” no alteran en lo más mínimo el volumen del mercado real y de ganancia, pero sí desatan olas de violencia entre traficantes que llegan a niveles de sadismo y violencia sin límites. Para Hari, las verdaderas víctimas de la guerra contra las drogas no son los carteles ni la policía, sino la gente que queda en el medio.


El segundo gran punto de este libro trata de echar una mirada sobre la esencia del comportamiento adictivo, de indagar por qué algunas personas se exponen a sustancias y quedan “enganchadas”, y otras no. El paradigma médico y neurobiológico imperante describe que la adicción es una enfermedad del cerebro, y que la exposición repetida a una sustancia potencialmente adictiva traerá como consecuencia el desarrollo de la adicción. Hari no contradice esta posición pero señala que al menos es incompleta a juzgar por la evidencia. Explica que gran parte de la postura, “reduccionista biológica”, obedece a una serie de experimentos que se hicieron con animales a principios del siglo XX. La rata dentro de una jaula, en condiciones de aislamiento (llamada “caja de Skinner”), tenía como única fuente de estímulo una palanca que al apretarse le administraba una dosis de morfina, y esta rata se autoadministraba morfina compulsivamente hasta morir. El modelo de la adicción biológica encontraba un experimento que mostraba a la perfección el carácter malicioso y autodestructivo de las sustancias. Y, de ese modo, forjaba un paradigma que sería fundante de teorías psicopatológicas, legislación regulatoria y también tratamientos para los adictos. Las ratas consumían hasta morir. Y la conclusión fue categórica: esto es lo que la droga hace en humanos. Pero aquí entra en escena el psicólogo canadiense Bruce Alexander, quien en la década de 1970 observó que esas ratas (las que elegían compulsivamente el agua con drogas) estaban solas en una jaula, sin nada que hacer y aisladas de todo. Este científico creía que la adicción a las drogas estaba menos relacionada con el perfil tóxico de la sustancia de lo que se suponía, y volvió a realizar el experimento, pero esta vez construyó un “parque de ratas”. Este era un espacio 200 veces más grande que la caja de aislamiento, donde las ratas podían jugar con otras, tener sexo y criar crías, había pelotas de colores, tubos donde introducirse, algo así como el paraíso de las ratas. Y aquí Hari señala que aconteció lo fascinante, en este experimento las ratas prácticamente no bebieron el agua con morfina, no se produjeron sobredosis y ninguna murió.


Alexander descubrió que cuando se empobrecía el ambiente de las ratas, éstas empezaban a desarrollar conductas de búsqueda compulsiva de droga, y cuando el ambiente se enriquecía con estímulos variados, las mismas ratas dejaban de buscar la droga. A pesar de las implicaciones del hallazgo (o quizá por ellas) las grandes revistas científicas (Nature y Science) rechazaron su publicación, y el trabajo de Alexander fue subestimado por la comunidad científica, ya que no cuadraba con el modelo neurobiológico estándar, y solo pudo publicar su trabajo años después y en una revista de menor impacto.


Los experimentos de Bruce Alexander le sirvieron a Hari para resaltar el hecho de que los seres humanos parecen haber evolucionado con una profunda necesidad de establecer vínculos, y esa necesidad de ligazón es esencial para estar y sentirse vivos. Y explica que aquellas personas que no pueden entablar lazos saludables porque están traumatizados, enfermos o simplemente golpeados por la vida, entablarán lazos con elementos no saludables que sustituyen ese contacto. Para Hari, lo opuesto a la adicción no es la sobriedad, sino la conexión. La posibilidad de hacer lazo genuino con la sociedad.


Para quienes pensamos, como Bruce Alexander y Johann Hari, que la adicción no admite una recuperación individual sino social, este libro ilumina el camino y hace audibles los gritos de las víctimas de la guerra contra las drogas. Como sociedad estamos dentro de la jaula vacía, aislada y desolada; el tipo de callejón sin salida en donde consumir compulsivamente (sustancias o bienes de consumo) seguirá siendo una opción cercana, lógica y deseada, para muchos. Necesitamos construir nuestro “parque de ratas”, donde los lazos saludables y las oportunidades sean escenarios más atractivos que el consumo de sustancias. No hace falta que visualicemos bolsas de cocaína o plantas de marihuana, están el Pokémon k.o., el abuso alienado de alcohol, los chicos fanatizados frente a una pantalla doce horas por día, o la angustia frente a un celular casi sin batería. Somos el consumo compulsivo.


Desde la perspectiva de la salud pública se impone un giro, ofrecer opciones de tratamiento cercanas, amigables y no enjuiciadoras y minimizar los daños, en muchos casos. Comenzar a soñar con una sociedad que ofrezca una salida, que otorgue becas de estudio y opciones laborales a los pacientes en recuperación. Un sistema de salud pública que vuelva a conectar a los pacientes adictos a la sociedad y que no los encierre, expulse o ignore.


Luego de más de cien años de guerra contra las drogas es necesario sentenciar en forma definitiva que estamos frente a un problema de salud, de salud ambiental. Es imperioso que el adicto se aleje, de una vez y para siempre, de las páginas del Código Penal e ingrese en la agenda social, como una de las grandes deudas que la sociedad tiene con un sector de la población históricamente castigado.
* Médico psiquiatra.

Hay gente que muere de miedo

Miedo
Raymond Carver

" Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso. "

Esclavitas sexuales para Stroessner y amigos

Por suerte la fortaleza de estas mujeres se animaron a romper el silencio


sábado

La discapacidad es toda nuestra



“Una incapacidad para caminar es una deficiencia, mientras que una incapacidad para entrar a un edificio debido a que la entrada consiste un una serie de escalones es una discapacidad”.

JENNY MORRIS